De niño una de las cosas que más disfrutaba cada fin de semana era ir al Video Centro a rentar películas y video juegos. Esto constituía un viaje en verdad emocionante para mí. Era cuestión de explorar y encontrar qué película o qué videojuego me “hablaba” para que lo rentara. De esa manera, y de acuerdo a las pláticas con los compañeros de la primaria quienes eran lo bastante pudientes para tener televisión de paga (malditos burgueses) es que encontré muchas películas que habrían de marcar a toda una generación de cuarentones o cuarentones en ciernes hoy en día. Cada viernes, o sábado, dependiendo de qué tan cansada llegaba mi mamá, íbamos a rentar películas. Una para ella, dos o tres para mí y un video juego que habría de jugar por una o dos horas hasta que me cansara de perder, me frustrara y mejor pusiera de nuevo cuenta alguna de las películas rentadas. Luego de nuestras rentas para el fin de semana, mi mamá habría de comprar palomitas, pizza o cualquier otro alimento chatarra que...